Durante todos estos siglos de andar por ahí, el teatro, el arte de la representación o como quiera llamársele, solo nos prometió que dejaríamos de ser lo que somos para transformarnos sin mayor vergüenza en animales , fantasmas, dignatarios, subalternos, fuerzas de la naturaleza y hasta en aberraciones salidas del delirio humano . Nos prometió que por obra y magia de una mascara, una tela, un traje, un sombrero, nos arroparía el derecho a subvertir las normas, ridiculizar a los poderosos, enaltecer a los vencidos, morir y resucitar.
En definitiva, el teatro solo nos prometió que los lugares, los objetos y personas de nuestra cotidianidad se transformarían en los protagonistas del mito. En los juguetes necesarios para el rito. Que la pasaríamos bien siendo capaces de reír hasta llorar y que como en toda celebración la única forma seria aceptar la invitacion.